Historia de la limonada

Al principio de los tiempos fue la nada.

Después llegó la limonada con nada, muy refrescante, pero en seguida se le añadió un toque de hierbabuena para hacerla más atractiva, más especial…

Llegó luego una casa de bebidas a base de extractos que se haría muy famosa en el futuro y le añadió gas a la fórmula consiguiendo un producto que nadie supo nunca por qué, pero era maravilloso. Tanto que si perdía las burbujas había que desecharlo por el sumidero, así de prodigioso era un invento, cosa curiosa porque venía mezclado con otro ingrediente que servía de conservante, qué paradoja: un elemento lo conservaba y el otro lo envejecía.

Más tarde incluyeron premios con la limonada, viajes, cromos, videoconsolas y felicidad, este último el mejor de ellos. Y cuando no se podía ser más feliz, el sistema nos volvió a abrir los ojos revelándonos una verdad nueva: le quitaron el azúcar…

Entonces el mercado de la limonada se volvió responsable y decidió quitarle también el colorante, el gas, los premios y la hierbabuena. Incluso despojaron al refresco de la felicidad, creando una nueva bebida llamada “limón y nada”. Limón y nada más.

¿Te gusta el limón? ¿Tienes sed? Bueno, quizás podamos tintar su sabor un una pincelada de hierbabuena, un toque de verde que le da clase y que a demás queda muy bien en el diseño de la botella.